sábado, octubre 31, 2009

¿Y si vamos aprendiendo otra manera de orar?

No sé qué entiendas tu cuando escuchas la palabra oración. Me he dado cuenta de que hay mil y un malentendidos al respecto. Que si un diálogo, que si un monólogo, que si escuchar a Dios, que si pedirle…

Para mí la oración no es otra cosa que comunión. Aprendí esto hace años, nadando en una alberca; me senté en el fondo con las piernas cruzadas y dejé de moverme para poder estar un ratito ahí abajo. No había ruido, solo un lejano rumor; no hacía frío. Me sentí envuelto por el agua, tan absolutamente rodeado de ella que no había forma de no estar mojado. Luego pensé que mi cuerpo es mayormente agua “encapsulada” en mis células… la misma agua que me rodeaba era el agua de la que estaba hecho. Me quedé un rato más sintiendo, experimentando la sensación de “agua que siente inmersa en el agua”. Si hubiera tenido una forma de respirar me hubiera quedado ahí un buen rato. Al salir, comprendí que la oración es eso.

La oración (para mí, repito) no es hablar, ni pedir, ni pensar en Dios, ni contarle nada de nada. Ni siquiera es cuestión de escuchar a Dios (como si cada vez que contactaras con Dios tuviera algo que decirte o mandarte a hacer) La oración es estar en comunión, es ser consciente con todo tu ser que estás hecho de agua, de la misma agua que te rodea inevitablemente, y quedarse haciendo conciencia de esa agua hecha dos que en verdad es Una sola.

En esa comunión silenciosa, mi agua resuena, vibra a la misma frecuencia que El Agua, hace las mismas ondas, se mueve al mismo ritmo o se agita con la misma intensidad. Sintonizar mi agua con El Agua es la tarea de orar, a fin de que Dios tenga un espacio en mi corazón para manifestarse al mundo y bendecir a toda la creación con su presencia.

El Maestro Eckhart llamaba a esto “estar preñado de Dios” y recomendaba sentarse a sentir la gestación lenta y silencios de Dios en el corazón, para nutrirlo, hacerlo crecer y poder, algún día, darlo a luz al mundo. Teresa de estar a solas amando “a quien sabemos nos ama”; Juan de la Cruz habla de estar en silencio, sin usar otro lenguaje para comulgar con Dios que “el callado amor”.

Todo refiere a lo mismo y nos invita a dejar a un lado las palabras, las peticiones y los monólogos que tratan de contarle a Dios nuestras penas (muchas de la cuales con imaginadas por nuestro ego) para pasar a la experiencia viva de Dios, que está más allá de las palabras y que vive en lo más íntimo de nuestro ser.

Oremos…

J. Álvaro Olvera I.

miércoles, octubre 14, 2009

Viaje a Ixtapa




Hace algún corto tiempo, hice caso a una de las constantes invitaciones de Lore, una de nuestras hermanas en la Comunidad Vino Nuevo. Nos invitaba al Grupo de oración de los martes en el que ella participa. Desde entonces asisto en el grupo de oración de la casa hogar ‘Renacer’, dedicada a la rehabilitación de enfermos alcohólicos y/o adictos.

Ya estaba calendarizada una visita al grupo ‘Alegría de vivir’ de amor y servicio de 4° y 5° paso, ubicado en el bello pacífico mexicano. También fui invitado.

La experiencia comenzó el pasado jueves 1 de octubre. Quedamos de vernos a las 17:00hrs en Garibaldi, centro histórico de la ciudad de México, que es donde se encuentra la casa hogar ‘Renacer’. Después de diez horas de carretera, interrumpidas sólo por una cena en Morelia , llegamos al hotel que nos recibió durante estos tres días.

¿Y luego?, ¿qué sigue?. Sin dirigirme a nadie en particular, pregunté al grupo. ‘No te preocupes, duérmete un rato y descansa; que a las 9 tenemos que estar en la casa del cuarto y quinto paso”, respondió Rubén.

Entre saludos, abrazos y presentaciones, nos recibieron con un abundante desayuno. Se nos pone al tanto de los festejos, los eventos y también de las tareas a realizar por parte nuestra, el grupo de oración que viene de México D. F.

Al término de los matinales alimentos, casi se nos ordena ir a la playa, divertirnos un rato, descansar y prepararnos muy bien para la dura jornada que iniciará por la tarde/noche.

De todas las actividades que tuvimos te quiero compartir dos en particular.

LA PRIMERA:
Oración con el grupo de niños y adolescentes (Alanteen).
Al igual que el resto del equipo, yo no había tenido una experiencia de oración con niños.

El trabajo con los niños trajo sorpresa tras sorpresa. No ha sido necesario explicar tanto en qué consisten las dos horas de oración que queríamos que nos compartieran. Entendieron fácil y rápido y nos acoplamos muy bien en la dinámica. Los gritos, aplausos, bailes, silbidos y brincos fluyeron de forma sencilla y espontanea.

Después hay un momento en la oración que nos ayuda a la interiorización; nos lleva a la contemplación y a la experiencia de diálogo personal con Jesús. “estás frente a Jesús, platícale lo que se te ocurra, dile lo que le quieras decir”… varios de ellos comenzaron a llorar, otros más compartían en voz alta su diálogo con Jesús. ¡Qué cosas!... por mis papás, por mis hermanos, por mis padrinos, por la recuperación de mi papá….

Cuando el corazón es tierno, primero comparte y pide por los demás, antes que por sí mismo.
Al final de la oración y de forma espontanea nos abrazaron... eso se convirtió en un MEGA abrazo divino.

SEGUNDA ACTIVIDAD.
Un filósofo moderno concluye una argumentación con una idea que más o menos expresa así:
‘Maldita la sociedad que arroja a sus plazas y calles a lo mejor de sí misma, a su futuro; bota al desamparo a sus niños’. Creo que lo mismo vale para los ancianos, para nuestros abuelos.

El sábado por la mañana, nos llevaron a la casa “las manos de Dios, casa de María Auxiliadora”. Asilo para ancianos. Ahí compartimos nuestra oración.

Bendita la sociedad que hace germinar y brotar héroes anónimos.
Profesionistas de la salud que comparten su tiempo y sus conocimientos de forma desinteresada con personas que al paso de los años y de los días ya resultan un estorbo para sus familias.

Bendita sociedad que ve a varios jóvenes voluntarios dedicando su fin de semana a la casa de ‘los viejitos’. “sí padrino, ahorita estamos pintando la fachada. La semana pasada nos tocó tapar goteras de ese techo”.

Jóvenes que con mucho cuidado bañan, rasuran, ayudan a vestir con ropa limpia al abuelito que ilusionado por que es día de visita espera a su hija, a sus nietos. “tiene como seis meses que nadie lo viene a visitar”.

En este lugar y con esta gente, adquiere otro sentido “hacer juntos la oración que Jesús mismo nos enseñó…”.

Por lo pronto, en los próximos cinco días, en mi oración no volveré a preguntarle a Jesús: “Maestro, ¿dónde vives?...
Ven y lo verás”
Charlie

martes, septiembre 08, 2009

Acerca del domingo 6


“Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa; el páramo se convertirá en un estanque y la tierra sedienta en manantiales; la morada donde se recostaban los chacales será un paraje de caña y papiros.”


Este texto de la primera lectura nos habla de la belleza, la abundancia y la vida que surge a partir del caos, de la sequía, de la muerte. El mundo es así, como dice Juanga: “Todo tiene un principio y un fin”. Nada es eterno, todo es limitado; nada es perfecto, todo es impermanente. La vida requiere la muerte, y en ello se entiende que haya dolor, sufrimiento, gozo, placer…
Hasta aquí nada nuevo, nuestra experiencia nos dice que la vida es así. ¿Qué sentido tiene que la Palabra nos diga lo que ya sabemos?


En un mundo así, la acción de Dios es promover la vida, abrir posibilidades para que nazca lo nuevo. Andrés Torres Queiruga dice que Dios es el anti-mal en un mundo donde existe el mal.
Y Dios busca la vida en todos los lugares, en todas las circunstancias y por todos los medios posibles. Desiertos, torrentes, páramos, tierra sedienta, morada de chacales… donde quiera que haya una situación desfavorable habrá de cierto un acción de Dios. Saliva, caricia… todos los medios son aptos para que Dios haga lo que es: Dios de vida en un mundo donde hay muerte.
Esta lectura es una invitación a la esperanza activa: no hay situación personal, social o eclesial tan desesperada en la que no pueda caber la acción de Dios.


¿Hay alguna sombra de muerte en tu vida, alguna esterilidad, algún vacío, algún desierto? ¿Habitan dentro de ti animales salvajes, hay demonios en tu interior? ¿Hay algo en ti que necesita vida, renacer, aflorar, reverdecer? Preséntalo a Dios esta mañana, entrégalo en sus manos, ábrete a su acción.


No pongas límites, no condiciones su acción. Dios pude usar saliva. No digas: Así no, de aquí no puedo salir, de esto no hay nada que hacer, no se puede, no hay de otra… deja de poner límites a la acción de Dios, a su poder, a los medios que él desea usar o puede usar.


A veces, las más de las veces, Dios va a usar los medios más sencillos, más humildes, más cotidianos y “mundanos”. No desprecies, por tanto, una buena terapia, unas buenas vacaciones, un día en el bosque, un café o una chela compartida como si en esos momentos y a través de esos detalles Dios no pudiera convertir el desierto en oasis.


Jesús era un hombre muy cotidiano. Todo era sencillo: palabras, pan, peces, lodo, diálogo… creo que nunca lo vemos usando medios no ordinarios para hacer su trabajo, para llevar a cabo su misión. “¡Como niños!” dirá una y otra vez para animarnos a reconocer, contemplar y aceptar la acción de Dios en un mundo donde hay mal. Por eso, por su humanidad cotidianísima, humanísima, la gente decía: "Todo lo ha hecho bien"

J. Álvaro Olvera I.

viernes, mayo 15, 2009

Dios es uno, uno es Dios


Ya he hablando antes de la porción de Dios (ya sabes a estas alturas que el lenguaje siempre es limitado cuando hablamos de Dios) que habita en cada corazón como un regalo de su Amor. En efecto, cada corazón contiene una “chispa”, que es la que nos da la existencia y nos sostiene eternamente.

Dios, siendo Dios, ha decidido habitar en nosotros, hacer experiencia desde nosotros de lo que es ser humano. Dios conserva su identidad, y al tiempo, algo de él está encarnado en nuestra carne, como en carne de Jesús. Nosotros somos nosotros, pero dentro de nosotros vive Dios, como explica santa Teresa con la metáfora del castillo interior “en cuyo centro está la habitación donde reside su Majestad”.

Que somos seres habitados por lo divino es una forma de comprender la realidad de la “chispa” en nuestros corazones y ha sido la forma de comprensión más conocida, incluso es la comprensión de la doctrina oficial de los católicos romanos. Pero hay otra que es la que me gustaría explorar contigo hoy, es la misma verdad, pero comprendida a un nivel más profundo.

No es que Dios viva en ti, sino que en esencia tú eres Dios; tu vida es una expresión divina que ha decidido manifestarse en carne. Algo así como si Dios hubiera tenido el deseo de saber qué se siente ser humano y se haya revestido de carne y vivirse humano como Luis, Pedro o Álvaro.

La identificación es una verdad atestiguada por los místicos, por eso Juan de la Cruz canta aquello de “la amada en el Amado transformada”; Rumi dice que del él no queda nada, todo él es el Amado; el sufí canta: soy consubstancial a Dios como le es Jesús. Luego de la experiencia de unión, se da la experiencia de identidad, donde el místico sabe que es Dios y Dios sabe que es el místico.

En la vida cotidiana, esta identificación es la que puede ayudarnos a vivirnos de otra manera. La conciencia de nuestra identidad divina (no necesitas la experiencia para vivirte desde esa verdad) modifica nuestra comprensión de nosotros mismos, para empezar. Y si es verdad lo que Buddha dijo acerca de que “eres quien crees que eres”, creer que eres divino tiene repercusiones en tu forma de verte a ti mismo, en tu forma de cuidarte, en tu forma de amarte.

Y si reconoces que Dios es UNO, sabrás que estás unido, vinculado, con todo el cosmos: los planetas, las plantas, los animales, las personas, los pobres, los que sufren, los que gozan… hasta los virus de la influenza humana, del SIDA o del Ébola son UNO contigo, son manifestaciones divinas, son tus hermanos, forman parte de ti.

Los esquemas religiosos, las normas morales, los mandamientos, se vuelven realidades perfectamente ubicadas, importantes, pero en su nivel. Jamás podrán determinar tu ser. Como dijo el sufi: Yo soy el Amado que buscan los místicos, Yo soy aquel a quien adoran los creyentes, Yo soy a quien sirven las iglesias.

Un ser con conciencia de su divinidad no se deja amedrentar por el infierno ni seducir por el cielo; tampoco se siente menos porque una autoridad religiosa le diga que es “intrínsecamente desordenado, objetivamente inmoral” ¿entiendes?

El culto, la oración, la adoración, la devoción religiosa también adquieren otro nivel, de hecho, van a desaparecer. Porque cuando hay adoración y oración es porque hay dos, tu y Dios, a quien oras. Pero si no hay dos… ¿a quién oras? ¿A quién le pides? ¿A quién veneras? La conciencia de tu identidad divina hace que lo que llamas oración sea más bien un encuentro silencioso contigo mismo, una comunión callada con tu centro más hondo. Juan de la Cruz lo entendió muy bien cuando dijo: la máxima necesidad que tiene l ser humano es callarse ante Dios, con la mente y con la boca, porque el lenguaje que Él más oye es el callado amor.

La comunión silenciosa contigo mismo (con Dios) se convierte en parte de tu vida. Es una especie de contemplación oscura, porque no ves a Dios, ni sientes a Dios, ni percibes a Dios como una realidad externa, sino que lo SABES como una realidad silenciosa que está unida a tus moléculas, a tus células, a tus órganos, a tu inteligencia y, sobre todo, a tu corazón.

Dios es lo más profundo de ti mismo, tu eres lo más humano de Dios. No hay dos. Por eso puedes cantar con el sufí:


Él es Uno,
Tú eres Uno.
Él es tú,
Y tú eres Él.
Él te ama,
Y Tú lo amas.
Eres el Amado, el Amante y el Amor.



J. Álvaro Olvera I.

jueves, mayo 14, 2009

El Misterio y sus métaforas (parte II)


La Fuerza es un campo de energía Viviente generado por todas las cosas, especialmente por los seres vivos. Permite la existencia de la vida, la mantiene unida, la nutre. Es posible entrar en comunión con la Fuerza y usarla (la Fuerza latente), al mismo tiempo que la Fuerza es independiente y controla el destino del universo (la Fuerza viviente).

La muerte es un regreso a la Fuerza, es hacerse uno con Ella. La Fuerza es una forma energética Inteligente, Sabia, Compasiva, pero al mismo tiempo es Tremenda, Poderosa, Majestuosa. Ambos “lados” de la Fuerza se complementan haciendo que la Fuerza sea una totalidad, usada por algunos para desarrollar sus potencialidades luminosas, y por otros para el desarrollo de las potencialidades oscuras. Vista como un todo, la Fuerza contiene elementos considerados luminosos como oscuros, aunque estas son categorías humanas, formas de entenderla.

Después de este breviario cultural de ciencia ficción (espero que G. Lucas no me demande por el fusile y las libertades literarias que me tomo) te comparto mi metáfora.

Dios es la Fuerza. Como tal es una energía Viviente – con lo que retomo elementos de la metáfora de La Vida.

Hay una dimensión inmanente (la Fuerza latente) y una trascendente (la Fuerza viviente). Desde la primera, la Fuerza (Dios) está presente en todos los seres, aunque de forma especial en los seres vivos, me atrevo a decir que está presente en una “concentración” más alta. Siempre desde la inmanencia, la Fuerza puede ser canalizada y “usada” para algunas cosas: sanación, bendición, energía física, fortalecimiento de las capacidades humanas, comunicación con otros seres, etc. También puede ser canalizada para modificar situaciones, para modificar el entorno, para crear cosas.

Desde la dimensión trascendente, la Fuerza es soberana, conduce todo lo que es según su deseo (pero siempre hacia un mayor desarrollo) Desde esta dimensión, la Fuerza es imparcial: importa la Vida y que la Vida halle la manera de continuar, los seres individuales formamos parte del flujo e la Vida. La Fuerza es un Misterio y es inabarcable, por eso no comprendemos bien cómo se dan el lado luminoso junto al lado oscuro, la vida junto a la muerte, la creación junto a la destrucción.

La Fuerza no es una persona ni un ser personal ni tiene características antropomórficas. Pero lo que captamos de Ella nos revela una Energía libre, con una intencionalidad que nos permite relacionarnos con Ella.


Presente en toda la vida, la Fuerza es captada con mayor nitidez por algunos que aprenden el modo de entrar en comunión con Ella, aprenden a captar “los caminos de la Fuerza” y a fluir en coherencia con Ella. Estos seres (los Jedi de Dios) pueden canalizar la Fuerza, la perciben como una realidad Viva, captan su devenir, pueden incluso “anticipar” sus acciones. Estos seres viven la Fuerza como una realidad omnipresente: pueden ver en todo una manifestación poderosa de su presencia y de su actuar, por eso los acontecimientos cotidianos no son banales: en el dolor y el gozo, en lo que nace y en lo que muere, en lo que sucede y en lo que es, está la voluntad de la Fuerza.

La Fuerza es una energía sabia, poderosa, pero discreta. Por eso, la comunión con ella se da en el silencio. Como la Fuerza fluye en y a través de los seres vivientes, el mejor lugar para la comunión es el corazón, el interior, lo más profundo de uno mismo. Porque hay coincidencia entre lo más hondo de uno mismo y la Fuerza, entre más coherente sea uno con esa hondura personal, más vive en comunión con el devenir universal, más es Uno con la Fuerza.

Así, cuando yo digo “la Fuerza” entiendo todo lo anterior.

Cuando digo “la Fuerza” estoy hablando de Dios… y cuando digo “Dios”, estoy hablando de la Fuerza.



J. Álvaro Olvera I.

miércoles, mayo 13, 2009

El Misterio y sus métáforas (parte I)


Hablar de Dios… ¡Vaya si es un atrevimiento! ¿Cómo decir algo acerca de Lo que está más allá de todo concepto? Dicen los sufís que se trata de Lo que está más allá aún de nuestro concepto de lo que está más allá. San Agustín lo supo, por eso nos previno cuando dijo que del Misterio no podemos decir nada, si decimos algo es más por no quedarnos callados que por poder atinar a decir algo. Tomás de Aquino dirá: de Dios podemos saber que es, pero no podemos saber qué es.


Conceptos como Dios, Persona, Ser, Altísimo, Señor, Padre, Madre, Amigo, siempre son palabras que ocultan más de lo poco que dicen acerca del Misterio (aun la palabra Misterio, puesta en mayúsculas esconde más de lo que dice)


Por eso los místicos cantan al Inefable (que está más allá de la capacidad humana de expresar) y recurren a la metáfora y la poesía para manifestar aunque sea algo de Aquella Realidad Infinita “que sobre pasa todo entendimiento humano”.


Sabiendo que Aquella Realidad Infinita es inabarcable con nuestros conceptos nos hace humildes a la hora de querer definir a Dios (de hecho, los únicos lo suficientemente insensatos para querer definir a Dios somos los occidentales), nos abre al Misterio que siempre queda como Misterio y nos “obliga” a asumir que lo que decimos del Misterio siempre es penúltimo, es decir, no es la última palabra.

Culturalmente usamos la palabra “Dios”, que hoy en día se revela llena de sentidos encontrados, de manipulaciones y de sombras. “Dios” ha sido usado para justificar todo y de todo. Las iglesias y las religiones establecidas recurren indiscriminadamente a “Dios” para todo, dejando a los creyentes (y a los no creyentes) con una sensación de hastío, de haber sido engañados.


Hoy en día, en estos tiempos donde la espiritualidad está siendo vivida al margen de las religiones, en el “mundo adulto” que profetizó Bonhoeffer, el Misterio se está revelando de una nueva manera, permitiéndonos recurrir a nuevas metáforas para comprender un poco más nuestras posibilidades de relación.


Para muchos, el Misterio es comprendido como Dios, pero con nuevas notas. No se trata ya de un Dios castigador, a quien había que complacer con sacrificios y ofrendas, sino un Dios cercano, cotidiano, más visto como un amigo que como un juez.


Para otros, el Misterio es comprendido como El Creador, como “alguien” que nos hizo e hizo todo lo que existe.


Algunos más ven al Misterio como una especie de energía personalizada que sostiene en la existencia al cosmos y cuya acción se puede captar y “canalizar” en beneficio de la vida.


Otras experiencias del Misterio usan la metáfora de La Madre en cuyo vientre divino se está gestando todo lo que es. Una Madre que crea, sostiene, alimenta, acompaña, educa (a veces con dureza, pero siempre con ternura infinita) a sus “hijos e hijas”. Una Madre que clama dignidad para todos los gestados en su vientre y exige de quienes le adoran, actitudes de hermandad con todo lo creado.


En algunos casos, la Madre divina es también la Amante, la que seduce a sus fieles y se entrega a ellos en el éxtasis místico, uniéndolos a sí. La energía sexual es uno de los atributos de la Madre Esposa Virgen.


Algunos más se están relacionando con el Misterio como La Vida. No es una “persona” sino una especie de flujo energético con una cierta voluntad que se manifiesta en la evolución, en el curso de las cosas.


Esta imagen es usada por algunos místicos contemporáneos que tratan de explicar qué el Misterio no está alejado de nuestra experiencia cotidiana, ni de nuestra enfermedad, ni de nuestra muerte, ni de las colisiones cósmicas que destruyen mundos, pero permiten la generación de nuevas posibilidades. En este metáfora, el Misterio va perdiendo sus características antropomórficas (forma de humano) para revelarse como energía Vital, Viva y Vivificante.


Una oración que me compartieron hace poco invoca al Misterio como: Vientre fecundo de donde toda vida procede (y falta añadir que es Sepulcro frío donde toda vida termina)


A mí me encanta usar la metáfora de La Fuerza (soy de la generación Star Wars, ni modo), de ella te hablaré en la siguiente entrega.




J. Álvaro Olvera I.

martes, mayo 12, 2009

Optimizar nuestra encarnación




Nuestro entorno está lleno de lugares y métodos para mejorar nuestro ser.



En la dimensión física, tenemos cientos de gimnasios, cursos de spining, tae bo, las técnicas de Body combat y un sinfín de etcéteras dedicados a mejorar nuestro físico, ha hacerlo más funcional o, cuando menos, más atractivo. Estos años ha visto renacer un cariño especial por la dimensión corporal. Hemos superado – o estamos superando – las visiones negativas de la corporalidad.



En la dimensión emocional también estamos atestiguando un “boom”. Centros de terapia, cursos de manejo emocional, desarrollo de las inteligencias, constelaciones familiares… tengo un amigo que ha unido un trabajo interior con el baile de Salsa. Estamos aprendiendo la importancia que tienen nuestras emociones, nuestro subconsciente, nuestro universo interior, y estamos aprendiendo a trabajarlo, a sanarlo, a optimizar nuestros recursos interiores.



Es un buen momento para la humanidad, a pesar de los contrastes que niegan todo lo anterior.
Desde mi visión de la vida, toda experiencia humana es posibilidad de encuentro con el Misterio divino, por eso, en la explosión del cuidado corporal y emocional de nuestro tiempo, veo un mayor grado de conciencia que, como todos los avances de conciencia, nos invita a mirar “más allá de lo evidente”.



Para algunos, esta importancia del cuerpo y de las emociones personales es un signo más de la decadencia social, un signo del hedonismo que hace a un lado los “valores” para dedicarse al cuerpo musculoso o delgado y a años de terapia centrada en el “yo”. Para mí es el momento de optimizar nuestra encarnación.



Yo, Álvaro, soy mi cuerpo, vivo en mi cuerpo, amo en mi cuerpo, sirvo en mi cuerpo, existo sólo en y como mi cuerpo. Si bien mi “yo” no se agota en la corporalidad, ésta es una dimensión básica.



Y como vivo encarnado en este cuerpo y en sus emociones, los gimnasios y las terapias me pueden ayudar a optimizar esta encarnación mía, para que sea más sana, más plena. Todos sabemos que una alimentación balanceada y una dosis de ejercicio nos ayudan a equilibrar nuestro ser, a tener energía, a vivir más sanos. Sabemos, de igual manera, que el trabajo emocional, el trabajo interior, nos ayuda a sanar las heridas del pasado, a ser más auténticos, más libres.



Antiguamente, el místico era asceta (cuando menos en algunas tradiciones religiosas) En el catolicismo romano, el hombre y la mujer “de Dios” se distinguía por sus penitencias, por su aspecto demacrado, por estar en los huesos de tanto ayuno. Todos conocemos como en el pasado se vivió esta realidad y hasta qué extremos se vivió.



Hoy en día – gracias a Dios – el místico cuida su alimentación, hace ejercicio, guarda respeto por su entorno, cuida sus emociones, atiende su mundo interior, busca su salud mental. El hombre y la mujer “de Dios” sabe disfrutar una buena cena, sabe gozar un buen vino; cuida su aspecto físico y su estado emocional tanto como cuida su relación con Dios.



Para sorpresa de muchos, pues los místicos siempre rompen nuestros esquemas, encontramos a las personas de seria y profunda espiritualidad en el cine, el teatro y los conciertos de música clásica lo mismo que en las cantinas, en los bares, en los gimnasios, comprándose ropa bonita o aquella loción cara que les encanta.



Si mi encarnación es un don de Dios y Dios se manifiesta en mi ser encarnado, si yo soy mi cuerpo y si un buen estado emocional me hace más eficaz, creo que trabajar para ser más libre, más sano, más pleno, es decir, trabajar para optimizar mi encarnación, es parte de lo que quiero hacer, es parte de lo que elijo hacer y, de este modo, es parte de lo que Dios me pide hacer.



El místico sabe que si tiene una encarnación optimizada, puede poner al servicio de su Amado a un ser humano más completo, que pueda servir mejor a la humanidad y a todo lo creado.





J. Álvaro Olvera I.

miércoles, mayo 06, 2009




Hola a todos
Te comparto ahora algo muy alegre.
En mi vida hay noticias que me han hecho muy feliz. Bastante feliz. Esta es una de ellas. Cuando la recibí, no supe decir mucho, pero me dio vuelta y vuelta en mi cabecita y después ya en mi casa, lloré de la emoción; no pude hacer otra cosa más que sentarme a llorar de gusto, de alegría, de felicidad. Y al paso de los días, aun me causa mucha felicidad y mucho agradecimiento a la vida por darme este privilegio.

Hace algunos días, una persona muy cercana a mí y a mi vida, termina su mensaje con una frase que me inquietó. Tiene varios días que no nos vemos y estábamos chateando muy animadamente. Platicamos de cómo nos va y esas cosas; quedamos de vernos para cenar. Concluye su invitación con esta frase:

- “ Carmen y yo, te queremos decir algo”
- “ ¡Uta! ¿de qué se trata?”

En estos días de tanta mala noticia y tanto ‘sospechosismo’, pues sólo eso se me ocurrió preguntar.

-“No es nada malo… es más, creo que hasta te va a gustar”

El día acordado para vernos a cenar llegó y pues ya estábamos en esas cuando… ¡zaz! La noticia:

“… y prepárate, porque dentro de siete meses vas a ser tío.”

Comúnmente una noticia así, no pasaría de un gesto de felicitación. Para mí esta noticia representa mayor cosa; no es algo cotidiano, ¿por qué me causa tanta felicidad?

La historia se remonta algunos años atrás.
En aquellos días yo trabajaba como encargado del área de informática en una empresa que formaron unos amigos. Decidieron promover y financiar un equipo de futbol. Faltaba un portero. Alguien recomendó a un joven preparatoriano como buen cancerbero: JR, el mayor de ocho hermanos.

Sin mayor complicación JR se integró al equipo de la empresa. Al principio se les veía sólo una vez por semana: el día en que el equipo jugaba en la liga donde estaban inscritos; entrenaban minutos antes de su encuentro. Luego hubo necesidad de entrenar más tiempo y destinaban parte de otra tarde entre semana.

JR estaba por terminar la preparatoria. Era notorio que el estudio era algo que no pintaba dentro de sus prioridades, ni tampoco era algo que le interesara gran cosa. Estas situaciones se complicaban más cuando había que entregar alguna investigación o algún trabajo escolar extra.

En una de esas urgencias escolares fue que JR se acercó a mí con una específica petición:
- Charlie, ¿me puedes ayudar con una tarea?
- Sí, claro, ¿de qué se trata?
- Mira. Tengo que entregar una investigación… es para mañana, ¿sí me ayudas?

Así fueron los inicios de esta larga, fraterna y profunda amistad.

Y como dice la canción: “el tiempo pasó…”

Compartimos ideales, luchas, viajes, sentimientos, logros, frustraciones, esperanzas, amigos, familias. Esto no ha sido gratis y fácil. Una amistad así no es exenta de ‘sospechas’, ni de envidias, ni de ataques. He de reconocer que a causa de ello hubo distanciamientos, pero pudo más la amistad. Y cuando se pide y se otorga perdón sin condiciones, las heridas se restauran con bastante rapidez y hay algo que sin notarse mucho se fortalece.

Incluso mi ‘salida del closet’ ha sido motivada por la confianza de mis amigos hacia mí. Contrario a lo que pensé, cuando se los confié, la respuesta fue muy grata. Tuve la fortuna de que a JR (como a varios más), ‘eso’ no fue impedimento para seguir siendo amigos.

Muchos fuimos testigos de un gran logro de JR: Diciembre de 2001. La defensa de tesis para obtener la Licenciatura en Periodismo. Fue un logro contra todo pronóstico. A JR le costó mucho trabajo y lo logró.

Y apenas en julio de 2007, el enlace matrimonial de JR con Carmen. ¿Qué puedo decir?.... que soy un llorón!

Hay un maravilloso lazo que nos une

Y ahora estamos a la espera de un nuevo ser. ¡Mi sobrin@! ¿poder arrullar a un nuevo ser?. Y cuando crezca un poco más, ¿te imaginas lo feliz que me hará cuando una personita que no es de mi sangre me diga tío?

Gracias a la vida, por este privilegio.

Saludos!

Charlie.

sábado, mayo 02, 2009

Domesticar a Dios


En algunos artículos anteriores deslicé la idea de que algunas personas tratan de “domesticar” al Misterio de la Vida para quitarle la mordiente de incomprensión y hacerlo, cuando menos, más cercano… o más a la medida personal. Señalaba esto como algo que había que superar para quedar abiertos al Misterio que es siempre incomprensible. Lo dije como si domesticar a Dios fuera un error. Hoy quiero profundizar en esa idea.

Domesticar significa “hacer doméstico”, “propio del hogar”, “hacer familiar”. En este sentido, es hora de domesticar a Dios.

En una forma de pensamiento tradicional, influenciado por la cultura griega, hemos aprendido a ver a Dios como alguien (o algo) totalmente alejado de nuestra vida, de nuestros problemas, de los avatares de la existencia humana “mundana”, pues estaba sentado en su trono, en el más allá, en los cielos inescrutables.

La distancia entre Dios y los seres humanos se manifestaba en la necesidad de construir “epicentros” donde lo divino se encontrara con lo humano. Los templos, los cultos, los sacrificios, los libros e idiomas sagrados son esos epicentros: sólo en ellos y a través de ellos se podía tener algún tipo de encuentro con Dios. Fuera de estos epicentros, no había posibilidad.

Así, hemos vivido construyendo epicentros, manifestaciones de nuestra concepción de lejanía y separación divina, nos hemos vivido por siglos sumidos en “el mundo”, mientras Dios estaba en su trono de gloria, sinceramente muy ajeno a nosotros, de ahí que tuviéramos que recurrir a intermediarios como María y los santos, que en el catolicismo son parte integral de la fe.

La práctica espiritual fue comprendida como separación “del mundo” para adentrarse en los epicentros oficiales; aquellos que no lo eran, fueron destruidos o puestos bajo el control oficial, como la basílica de Guadalupe, construida en un epicentro de la Tonanztin. Ser espiritual ha sido sinónimo de separarse, de alejarse, de desinteresarse por lo que pasa para vivir alrededor del epicentro.

Y si bien esto funcionó en otro tiempo (y no sé hasta qué punto funcionó) ya es hora de domesticar a Dios.


Porque el dios concebido como una entidad sentada en un trono, no es real. Si Dios existe, está involucrado con nosotros, con nuestra vida cotidiana, con lo que somos.

Un Dios domesticado es Aquel a quien encuentras en el supermercado, mientras compras manzanas, yogurth o esas papas fritas llenas de calorías que tanto te agradan.

Un Dios domesticado es Aquel que encuentras en el baño, mientras acaricias tu cuerpo con agua y jabón (Y tu, ¿te “bañas” o acaricias tu cuerpo?)

Un Dios domesticado es Aquel que se hace Uno con el amigo que sabe escuchar tus penas, que trata sinceramente de comprender tus broncas, que te recibe amorosamente sea que te entregues en alegría o en dolor, que escucha sin juicio hasta tus más atrevidas blasfemias, sabiendo que son muestra de que estás vivo y eres tan libre como para blasfemar.

Un Dios domesticado es Aquel que se divierte cuando hablas de la Manigüis, cuando te sientas a comentar la novela, a contar un chiste o a permitir que aflore la mujer que llevas dentro (comentario local para gays)

Un Dios domesticado es Aquel que está infinitamente presente cuando aquella persona especial toca a tu puerta y descubres que tu corazón hace mucho que lo esperaba en la planta baja del edificio donde vives.

Un Dios domesticado es Aquel que se goza infinitamente cuando aquella persona especial te dice: “Hola” con esa luz de sus ojos que tu ya no sabes distinguir si son verdes o grises, pero que siempre son tan inmensos como el mar.

Un Dios domesticado es Aquel que detiene el tiempo y curva el espacio, modifica la sustancia del universo y canta a coro con los ángeles cuando aquella persona especial te araña la espalda, te muerde el cuello y aprende de memoria tu piel, tocando lo que otros han tocado tantas veces, pero de una manera que nadie había podido lograr.

Un Dios domesticado es Aquel que apaga discretamente la luz y desliza el cobertor sobre los dos cuerpos desnudos (el tuyo y el de ya sabes quién) que yacen sudorosos luego de haberse dado la vida entera por la boca.

Domestica a Dios, ya es hora de un Dios distinto y de una distinta manera de relacionarte con Él.


J. Álvaro Olvera I.

miércoles, abril 15, 2009

Y entraron juntos



El evangelio del domingo de Pascua es altamente simbólico. De entre todos los símbolos posibles, escojo la carrera de los dos discípulos. Pedro y el otro discípulo corren al sepulcro ante la noticia de Magdalena. Pedro se queda atrás, el otro corre y llega primero a la tumba.

Pedro se queda atrás. No es fácil ser Pedro ¡hay tantas cosas que impiden que Pedro corra de prisa! El Pedro del siglo XXI también tiene mil cosas: la responsabilidad de la iglesia universal, la edad, la formación, la personalidad… y se queda atrás. Más de cien mil sacerdotes casados y Pedro se queda atrás; miles de personas han encontrado el amor verdadero en un segundo matrimonio y Pedro, atrás; Millones de homosexuales se sienten lejos de Dios y Pedro, atrás.

El otro discípulo corre aprisa y deja a Pedro atrás. Ya sabemos que cuando un personaje no tiene nombre propio, hay que ponerle el propio nombre, así que el “otro” eres tú. Quizá corras porque has encontrado una buena teología, porque piensas que Dios te pide otra cosa, porque sientes que la iglesia debe cambiar, porque tienes una ideología moderna, porque tu relación con Dios es más profunda… no importa el por qué, importa que corres y corres y corres. Pedro te parece lento y tienes prisa porque las cosas cambien.

Uno se queda atrás y el otro se adelanta. Sin embargo, el que se adelanta no entra al sepulcro, tiene que esperar a Pedro. El que se atrasa sólo entra acompañado. Ese es el chiste de ser iglesia: los unos tienen que esperar a los otros para entrar en el misterio de la Vida. No podemos llegar a Dios solos, no podemos tener experiencia del Viviente solos, no podemos – ni siquiera – prepararnos una taza de café solos (necesitamos cuando menos quien lo coseche)

Y si no podemos llegar al misterio del Viviente solos, la persona a tu lado adquiere una nueva dimensión. No es una pieza de recambio, no es alguien sustituible, no es un X. El otro, la otra, son nuestros compañeros de camino, nuestros compañeros de carrera, nuestros mistagogos (aquellos que nos introducen al misterio divino)

Ya sea que corras (y es bueno que lo hagas si es lo que te nace del corazón) ya sea te quedes a la velocidad de Pedro (y es bueno que lo hagas si te nace del corazón) la meta – que es la experiencia del misterio de la Vida – o se alcanza juntos o no se alcanza.

Algunos niños, cuando juegan carreras, abandonan aun a su mejor amigo o a su hermano pequeño con tal de ganar.

Otros, sin embargo, regresan, toman de la mano al que se queda y lo ayudan a correr más rápido. Seguro que no ganan la carrera, saben que no van a ganar, renuncian a ganar… pero llegan juntos, y sea el primer o el último lugar, intuyen que la carrera y la meta compartidas son más grandes y estrechan sus lazos.

¿Entiendes por qué hay que hacernos como niños?

Felices días del Resucitado



J. Álvaro Olvera I.

La noche de Pascua


La noche del sábado santo es una noche especial para quienes creemos en Jesús, es la noche del misterio de la muerte y de la vida. Jesús queda en el sepulcro y todo comienza a cambiar, lo viejo es sepultado, lo nuevo está por llegar.

Seguramente no fue fácil dejar a Jesús en la tumba, era demasiado importante, demasiado querido. Era conocido, tenía respuestas claras y directas, hablaba y hacía como pocos. Dejarlo en la tumba era un acto de desgarro, pero había que hacerlo, porque Jesús era un cadáver, era algo pasado, era lo viejo, lo que ya no podía seguir siendo, lo que ya había dado de sí lo que tenía para dar.

La noche del sábado santo es la noche de hacer a un lado aquello a lo que estamos aferrados y que no nos permite abrirnos a la novedad. La vida, amigos, es vida, cambiante, diversa, no podemos quedarnos con lo mismo siempre, pues corremos el riesgo de perdernos en lo pasado, o de quedarnos encerrados en la tumba.

Aún la fe necesita ir cambiando, adaptándose a la vida. Dios mismo, al ser VIVO, cambia, se mueve a cada instante; sólo un corazón abierto a lo constantemente nuevo puede captar su presencia.

Cadenas, adicciones, dolor, culpa, pérdida, muerte, sin sentido, relaciones dañinas, personas, acontecimientos… todo lo que debe pasar ha de ser dejado en la tumba.

Nadie esperaba lo que iba a venir, las mujeres fueron el primer día a ungir un cadáver (a remembrar lo viejo, a seguir llorando las mismas heridas) y se encontraron con la vida eclosionando, siguiendo su ritmo. Sólo cuando aprendieron a no buscar entre los muertos, encontraron a quien estaba entre lo vivo.

Atrévete.
J. Álvaro Olvera I.

jueves, marzo 26, 2009

De Él nacimos, a Él volvemos


Dice la Escritura que Dios me ama con amor eterno. Eternamente he sido pensado por Dios, he sido imaginado por Dios y Dios me ha dado la vida.

Una vez leí que cuando Dios había terminado de formar al Adamah del barro (a imagen suya lo creó, macho y hembra lo creó) el soplo de vida fue el susurro de su nombre. Me encanta pensar que Dios susurró mi nombre para darme la existencia, porque eso significa que me conoce, que me llamó a mí, Álvaro y que no soy un producto en serie en la cadena automática de la vida.

Yo nací de Él, hubo un momento en el que nos vimos a los ojos (porque mi existencia comenzó cuando Él empezó a amarme, no cuando nací) Supongo que de ahí la tendencia de mi corazón de quedarse pasmado ante un atardecer en la playa, en el vaivén de las olas cuando nadaba desnudo en Tecolutla o en el abrazo y el beso de la otra noche.

Mi vida es un camino de retorno a Él. Saber que a Él regreso en cada minuto que pasa y que nos veremos de nuevo y que sus brazos se abrirán para mí de nuevo, y que pronunciará mi nombre con todo su amor… ¡Ay!

Eso me recuerda el diálogo de una mística sufí con Dios, cuando ella le dijo a Dios que lo amaba y lo extrañaba, el buen Dios respondió que Él la amaba y la extrañaba mucho más. Teresa lo dirá bellamente:


Si el amor que tú me tienes
Es como el que yo te tengo
Dime ¿en qué yo me detengo?
O tú… ¿en qué te detienes?



Mi nombre está en los labios de un Dios enamorado. Amén.


J. Álvaro Olvera I.

miércoles, marzo 25, 2009

Escándalo y locura (dedicado a Hanes)

Hace unos días comentaba el texto de Pablo sobre los que piden señales prodigiosas o sabiduría. En el versículo siguiente el apóstol añade que la predicación del misterio de Cristo crucificado es escándalo para unos y locura para los otros.


En efecto, para quien pide prodigios el crucificado es la mejor muestra de que no hay tales. Dios – por alguna razón – no libró a Jesús de la cruz aunque, si somos coherentes con nuestra idea de Él, seguramente quiso hacerlo, pues el amor no permite ver doliente al amado sin hacer lo posible para acabar con el dolor. Si Dios no libró a Jesús de la persecución, de la tortura y del asesinato, y si Jesús es el paradigma (la muestra viviente) de lo que somos los creyentes, ¿de dónde sale la idea de que a nosotros sí nos va a liberar de nuestros dolores, de nuestros problemas y angustias a través de los prodigios?


Reitero: lo que sucedió a Jesús (su vida, su obra, su muerte y su comunión absoluta con Dios – que eso es lo que llamamos “resurrección”) es lo que sucede con cada cristiano. Y lo que vemos en Jesús crucificado es un Dios sin prodigios, un Dios desnudo, un Dios moribundo, un Dios destrozado por el odio y la indiferencia de su pueblo.


Un Dios así es escándalo para quienes quieren un Dios todo poderoso, que los salve de todo, que los libre de todo, que los alivie de todo. Y no digo que Dios no sea poderoso en todo, sino que habría que revisar nuestra concepción del “poder” de Dios, pues intuyo que está muy alejada de la realidad del misterio cuyo poder no parece ser “poderlo todo”, sino amarlo todo.


Del mismo modo, el crucificado es locura para quienes buscas razones y explicaciones a todo. Si te preguntas ¿cuál es la razón por la que Jesús fue crucificado? ¿Por qué tenía que ser así? ¿Cómo es que Dios permite, desea, planea la muerte de su Hijo? ¿Cómo es que Dios (Hijo) muere, si Dios no puede morir? ¿No podía suceder todo de otra manera? ¿Por qué la “salvación” se da a través de un asesinato? ¿Por qué Dios quería o necesitaba la sangre de Jesús para perdonarnos?… Preguntas clave en la fe cristiana.


Quienes buscan sabiduría, domesticar al misterio, no sabrán responder, no podrán hacerlo sin entrar en francas contradicciones a lo que su mismo sistema de fe les pide creer.
No es que Dios no sea sabio, o que la fe no contenga sabiduría, sino que es el sistema de creencias, es el intento por domesticar a Dios el que crea la confusión. La cruz es la gran locura para quienes pretenden domesticar a Dios y hacerlo caber en una teología, filosofía o creencia.


Por eso añade Pablo que la sabiduría de los hombres es locura para Dios como la locura de Dios es más sabia que la de los hombres. Ojo, no dice que Dios no haga locuras, sino que sus locuras son divinas, por tanto, están más allá de lo que nosotros podemos considerar sabio.


Por eso, decía en la reflexión pasada, mi maestro dice que sólo el corazón puede comprender el misterio de Dios.



J. Álvaro Olvera I.

lunes, marzo 16, 2009

Prodigios o sabiduría


Nos dice Pablo en la segunda lectura de ayer que ante el misterio de Dios los judíos pedían prodigios y los paganos, sabiduría. Las cosas, querido Pablo, no han cambiado mucho desde que escribiste esa carta, pues en las comunidades cristianas también hay estas dos reacciones.

¿Pedimos prodigios? Sólo piensa en tu manera de orar. ¿Qué dices? ¿Qué pides? ¿Qué deseas en la oración? Si haces un análisis es muy posible que te descubras pidiendo prodigios: Que se cure tal persona, que le vaya bien a tal otra, que consigas trabajo, que tu mamá no muera, que tu hijo no enferme, que tu pareja llegue (o que ya se vaya, depende), que consigas trabajo, que haya paz en el mundo, que los pobres tengan comida... Y no es que Dios no pueda hacer nada al respecto, el problema, según yo, es nuestro acercamiento. Parece que toda nuestra relación con Dios, toda nuestra vida oracional gira en torno a pedir prodigios.

Y he conocido personas que están en crisis de fe, que no se sienten amadas por Dios, que no se sienten escuchadas, que no se sienten acompañadas... porque no se les cumplió su lista de prodigios. Hay quien dice haber perdido la fe porque pidió y el prodigio en cuestión no se realizó. No importa si son prodigios materiales (salud, trabajo, marido) o si son “espirituales” (sabiduría, paz) nuestro acercamiento al misterio de Dios depende de si cumple o no nuestros deseos.

¿Sabiduría? Esta es la debilidad de los teólogos, pero está presente en muchas personas. Nuestro acercamiento al misterio de Dios pasa a través de la razón. Queremos domesticar a Dios en un sistema teológico o filosófico racional, sensato, con respuestas a todo y para todo. Si hay niños muriendo de hambre y nos preguntan por qué, inmediatamente recurrimos a nuestro sistema para dar una respuesta: “Dios no tiene nada que ver con eso, es algo causado por el hombre” o alguna cosa por el estilo.

No queremos, no permitimos que Dios sea incomprensible. Nos asusta la idea de no tener respuestas, de no tener la seguridad que estamos haciendo lo correcto, que estamos en la iglesia verdadera, que creemos la doctrina auténtica, que nos salvaremos porque hemos atinado con la catafixia premiada.

Para nosotros Dios debe ser “así”, actuar “así”, salvar “a estos sí y a estos no”. Por eso nos aterroriza el mal, la muerte, la enfermedad y las orientaciones sexuales (entre otras cosas) porque nos exigen aceptar que Dios es Dios, que es un misterio del que nuestra razón (nuestra teología, nuestra filosofía, nuestros dogmas, nuestro Magisterio, nuestra Tradición, nuestra Biblia) comprende un mínimo porcentaje. Un Dios que no se ata a sistemas, un Dios que no responde como yo creo que debería hacer es un Dios terrorífico, por eso pedimos "sabiduría".

Una vez, alguien me preguntó por qué Dios permite que los niños se mueran de hambre, por qué había mal en el mundo y por qué se daban los tsunamis que mataban a tantos. La cuestión era clara: un Dios bueno no permite esas cosas. Mi respuesta fue “¿Qué te importa? Ni lo entiendes, ni lo podrías comprender” Sé que no fue una respuesta muy amable, pero creo que fue una buena respuesta. Pedir sabiduría en la relación con Dios es pretender que todo nos quede claro, que no haya nada que escape a nuestra razón, que Dios no sea Dios, sino una construcción intelectual coherente.

¿Alguna vez has pedido prodigios o sabiduría en tu relación con Dios? Yo sí.

Pues la cuaresma es el tiempo de convertirnos de esas actitudes (que según Pablo no van con la fe) Dejar de pedir y dejar de intentar domesticar a Dios son dos cosas provechosas para este tiempo de cambio de mentalidad.

Los místicos han comprendido esto, por ello, su oración no consiste en pedir sino “en estar a solas con quien sabemos nos ama”, y su comprensión de Dios es un acto de silencio ante lo incomprensible “la mayor necesidad que tiene el hombre es estar en silencio ante este gran Dios.”

Una vez, mi maestro me dijo: “Frente a Dios hay que cerrar la boca, inclinar la cabeza y abrir el corazón”... Ahora entiendo.




José Álvaro Olvera I.

viernes, marzo 06, 2009

Aliento de vida


Dice la Escritura que Dios conoce cada una de las estrellas del cielo, y que a cada una la llama por su nombre; también dice que el Adán comenzó a existir cuando Dios insufló su aliento. Una tradición dice que el aliento insuflado era el nombre del Adán. Me encanta pensar que el ser humano comienza a existir cuando Dios sopla o susurra su nombre.

Y pienso en el momento en el que Dios decidió llamarme a la existencia y pronunció mi nombre con su aliento. No soy un producto de fábrica, no soy fruto de una producción en serie ni de un accidente, sino que mi existencia ha sido deseada por Dios, ha sido pensada. Y Dios no pensó en cualquier persona, sino en mí, en mi nombre. Y Dios quiso que mi nombre (es decir, YO) existiera.

Los sufís hablan de que ese aliento de Dios que dijo mi nombre ha quedado guardado dentro de mí, es lo que me permite vivir. Somos, dicen, el aliento de Dios, la respiración de Dios, el murmullo de Dios que se ha encarnado y que algún día regresará a Quien lo exhaló.

Existe, pues, una interconexión entre Dios y cada uno de nosotros, es la intuición de Pablo cuando escribió: “Nada nos separará del amor de Dios”, y nuestra respiración, nuestro aliento, es el símbolo, el sacramento de esta interconexión, por eso muchas prácticas espirituales se basan en los ritmos de la respiración.

Hacernos conscientes de nuestra respiración, sabiendo que ella es el símbolo del aliento divino que se nos ha dado, es uno de los mejores caminos para darnos cuenta de que vivimos unidos a Dios y que dentro de nosotros habita nuestro Nombre, pronunciado por el aliento de Aquel que nos ama.


J. Álvaro Olvera I.

domingo, marzo 01, 2009

Cambiar de mentalidad


El evangelio de hoy nos recuerda la primera de las invitaciones de Jesús: cambiar de mentalidad. Aunque la traducción del texto en español dice: “arrepiéntanse”, en griego la palabra usada (metanoia) significa cambiar de dirección, ir hacia otro lado, cambiar la mentalidad. Este último sentido es al que me refiero.

Cambiar la mentalidad... es cuando descubrimos que hemos ido hacia un lado pero no es el lado al que había que ir. Decíamos en la eucaristía que es como ir en el metro hacia la estación Indios Verdes y de pronto escuchar a Jesús decirnos que la dirección que él nos propone es hacia la estación Universidad, justo la que está al otro lado de la Ciudad (si conoces el metro de la Ciudad de México sabes que una es la estación terminal en el norte y la otra lo es en el sur)

El primer cambio de mentalidad tiene que ver con la segunda frase de Jesús “el Reino está aquí”. La mayoría de las religiones nos han dicho que el Reino (la vida eterna, la gloria, el paraíso, el nirvana) es algo que viene después de la muerte física, y la gran mayoría de nosotros hemos viajado en esa dirección. Que el Reino esté aquí y ahora, nos pide un cambio completo de dirección. Nada para después de la muerte, la comunión íntima y plena con Dios está disponible aquí y ahora, para ti y para mi.

Luego, nos han enseñado que el amor de Dios es algo que hay que merecer. las obras buenas, la oración, asistir al templo, la lectura de la Biblia, la buena conducta moral, has sido entendidas como formas de “ganar” el amor de Dios, de ahí que algunos digan (me ha tocado escucharlo más de tres veces) que no pueden ser amados por Dios debido a que no hacen tal o cual cosa, o debido a que hacen tal o cual cosa; en el primer caso, están los que dicen que no pueden ser amados por Dios porque no van a la iglesia, porque hace años que no se confiesa, porque no hacen oración. En el segundo caso están quienes dice no ser amados por Dios debido a su orientación sexual, a su estado civil (segundas nupcias o bodas “nomás por el civil”), a que han abortado, a que tienen relaciones sexuales sin casarse, etc.

En ambos casos, hemos ido viajando en una dirección, pero es la dirección errada, pues en Jesús descubrimos que el amor de Dios es universal, infinito, eterno e inmutable. ¿No dice la Escritura que somos amados con amor eterno, por lo que Dios no se olvida de nosotros? No dice también que todo lo que existe es amado por Dios, ya que nada podría existir si Dios no lo amase, lo llamase a la existencia y lo sostuviera en ella? Y el amor de Dios, amigos, no depende de nuestra conducta, ni de nuestra perfección moral (que ambas son buenas); no depende de que uno se gay o de que se haya casado por segunda vez. NO, el amor de Dios depende de quien Dios es y lo que nosotros somos: sus hijos e hijas.

La Palabra que Dios ha pronunciado para cada uno de nosotros es: Tú eres mi hijo amado, en quien me complazco. Nuestros padres, quizá, nos aman a pesar de la desilusión (he escuchado a padres de gays decir: pues como quiera que sea, es mi hijo. Detrás de ese “como quiera que sea” he leído más una resignación desilusionada que un amor incondicional), pero Dios no ama así. No es que Dios se resigne a amarnos porque “ni modo, son mis hijos”, al contrario, Dios se goza en quienes somos, en quienes ha creado, y de aquí surge otro cambio de mentalidad.

Hemos pensado que el amor de Dios es “de Dios”, es decir, que Dios no ama porque no puede no amarnos, aunque quizá deseara hacerlo. La verdad es que Dios nos ama tan intensamente, y nos busca tan frecuentemente, y nos seduce tan delicadamente, y nos reclama de amor tan desesperadamente porque hay algo en nosotros que le atrae, algo que lo enamora.

Si somos únicos e irrepetibles, quiere decir que en mi hay algo que ha enamorado locamente a Dios, y ese algo sólo yo puedo dárselo, nadie más en el universo ni en toda la historia de la humanidad. Ni santa Teresa, ni san Juan de la Cruz, ni la mismísima madre de Jesús pueden amar a Dios como yo le puedo amar ni le pueden dar a Dios el gozo que yo le puedo dar. Dios nos ha hecho únicos – y por tanto lo que desea de mí es único – pues ese ha sido su placer.

Cambiar de mentalidad en esta cuaresma, no significa hacer o dejar de hacer cosas, sino SER de otra manera. Hemos viajado en una dirección (creyendo que la comunión con Dios es post mortem, creyendo que nuestras acciones u orientaciones sexuales nos hacen indignos de ser amados, creyendo que Dios nos ama porque no lo queda de otra), hemos sido, nos hemos concebido, nos hemos visto de una determinada manera, pero hoy, Dios nos invita a cambiar la dirección, a aceptar nuestro verdadero SER: somos amados infinitamente, somos dignos de ser amados por Dios y la íntima comunión entre ambos es una posibilidad real, aquí y ahora.

Si logramos encontrar ese “algo” que nos hace dignos de ser amados, si aceptamos el cambio que nos propone Jesús, podremos vernos en el espejo y encontrar algo más de lo que hemos encontrado antes, podemos vernos como Dios nos ve, aceptarnos como Dios nos acepta, amarnos como Dios nos ama.

Sólo una persona que se sabe aceptada, amada, puede amar. Y el mundo, amigos, está urgido de nuestro amor.



José Álvaro Olvera I.

sábado, febrero 07, 2009

Una de Shakira


En cuestión de música, soy un tipo de canciones, no de discos, es decir, me puede gustar mucho una canción, pero no compro el disco, prefiero esperar una edición de éxitos que garantice las canciones que me gustan en un solo cd. Eso me pasó con Shakira, nunca compré un disco de ella hasta que conseguí los éxitos (confieso que lo compré para poder tocar “ojos así” a todo volumen y bailar a solas)

Y me encontré con la canción No creo:

“Sólo tú sabes bien quién soy
Y por eso es tuyo mi corazón.
Sólo tú doblas mi razón
Y por eso adonde tú quieras voy”.

Inmediatamente me vino la imagen de santa Teresa cantando esta estrofa a su Esposo. Y me recordó la experiencia de tantos y tantas. Y es que Shakira expresa una gran verdad del amor: la aceptación incondicional de uno despierta necesariamente la entrega del otro. San Juan de la Cruz lo dijo también: Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor.

Y pienso que un amor así es el que tenemos en Dios. Nadie más que Dios me conoce tal cual soy; el que soy, no el que quisiera ser, ni el que sueño ser, ni el que seré cuando salga de mi terapia. El que soy, no el que niego, no el que escondo por vergüenza, no el que rechazo a la sombras porque no me agrada o pienso que será la causa de que otros me rechacen.

El que soy – neta, como dicen los jóvenes – es aceptado y amado por Dios incondicionalmente.

La respuesta a este amor siempre es amor. El problema es que como no nos acabamos de creer que seamos amados así por Dios, pos no le respondemos con amor.

En el caso de quienes tendemos a ser más racionales (según nosotros, eh) esos que queremos explicarlo todo, medirlo todo, razonarlo todo, encerrarlo todo en un concepto, Dios es quien dobla nuestra razón. En mi caso, puedo hacer polémica con cualquiera (me ha tocado) y no doblo mi razón, peleo con uñas y dientes por defender mi postura, aclarar mi discurso, rebatir las razones de los otros. ¡Y mira que soy necio, terco y aferrado!

Pues el teólogo ve como Dios dobla su razón… todos mis intentos de comprenderlo, de aprehenderlo, de saberlo, acaban con mi persona doblando su razón ante el Misterio y el Misterio obligándome a doblar mi razón ante su inmensidad. El sacramento y la teología nomás no me alcanzan, y por supuesto que la Biblia, la Tradición y el Magisterio son nada y sirven para nada en el intento vano de explicar a Dios.

Shakira entrega su corazón y sigue los pasos del hombre que ha ganado su amor de esa manera. Teresa y los otros místicos han hecho exactamente lo mismo ante su Amado.

Ojalá que algún día podamos hacer lo mismo.

J. Álvaro Olvera I.

viernes, febrero 06, 2009

Así en la Tierra como el Cielo


En días pasados pensaba mucho en esta película que hace como unos cuatro o cinco años fue nominada a los Oscares como mejor película extranjera ya que veo varios rasgos de la comunidad reflejada en ésta, ya que el protagonista inicia por hacer un coro pero al principio hay varios roces entre los que forman parte del mismo, por que son diferentes, y comienzan a manifestar sus emociones de lo que sufren, de lo que les molesta y al final comienzan por conocerse y que hay mas en el fondo de cada uno, y así empiezan a tener una mejor convivencia, haciendo comunidad y logrando cantar como coro, cada uno con su tipo de voz, con sus límites pero contagiando a otros para que se unan a la de ellos.

Y esto es lo que ha sucedido en la comunidad se ha tenido roces, se explota, pero se va conociendo al otro a aceptarlo y tolerarlo, aunque es difícil ya que cada uno tiene diferente proceso.

¿Y a que viene todo esto? A que el domingo pasado me toco predicar, y al leer las lecturas, lo que mas nos llamó la atención al preparar la homilía fue el Evangelio de San Marcos 1, 21-28, cuando Jesús va al sinagoga y al entrar un hombre que estaba poseído por un espíritu inmundo, que le grita -¿Qué quieres de nosotros Jesús de Nazareth? ¿Has venido para acabar con nosotros? - Aquí leemos que es un hombre pero pregunta por él y otros "nosotros" . ¿A quién representaba este hombre que esta en la sinagoga? A los escribas, fariseos, en los templos los sacerdotes. Y esto nos puso a pensar de que en la sinagoga, iglesia y/o comunidad hay personas que están poseídas por este espíritu inmundo. Y nos atrevimos a decir que es el Diablo (Diabolo).

Y en la actualidad podemos hablar de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas que esta dentro de una comunidad y que están poseídas por este espíritu, y que tienen divido el corazón como nos dicen en la segunda lectura de San Pablo a los Corintios, ya que no se preocupan de las cosas del Señor y como agradarle. Y sabemos que el Señor está en cada uno de nosotros, y que me debo preocupar por el hermano, el prójimo. Y cuantas veces hacemos lo contrario , muchas veces nos casamos con ideas como de que yo soy el único que tiene la verdad, que por que tengo estudios soy diferente y me hace superior al otro, y que sobre esa verdad es el punto de referencia para juzgar a los demás sin importarle los sentimientos de la otra persona y que la podemos herir y alejarla de la misma comunidad, cuando nos dice el Evangelio que Jesús no vino a juzgar si no para dar vida y vida en abundancia, y nosotros con nuestras actitudes provocamos muerte en los otros.

Y precisamente en esta película refleja eso, cuando el pastor predica algo y no es coherente con con lo que predica. Le dice a su mujer que ya no la toca por que el ya esta dedicado a Dios, no se preocupa por lo que pueda sentir ella y la forma de agradarle como esposo. Y ya no tiene relaciones con ella, pero sin embargo ella encuentra en su armario revistas pornográficas que él tiene escondidas para masturbarse, siendo egoísta, teniendo placer él solo.

Y es para reflexionar de como estoy siendo dentro de mi comunidad, si soy Diábolo el que separa o divide, o si soy Símbolo lo que une. En la película quién estaba poseído por el espíritu inmundo era el pastor, y quién fue símbolo fue el director del coro que unió a la comunidad.

Por lo regular lo que hace dividir a una comunidad, de acuerdo a nuestra experiencia dentro de la comunidad u otras en las que hemos compartido, son el poder, el protagonismo y el dinero. Muchas veces con el protagonismo se quiere uno lucir al dar una predicacción, al catequizar, al dar una plática cuando lo que debe de lucir es la presencia de Dios en la persona. El dinero ya que se empieza a juzgar que tal persona dio poco, no dio, y que uno dio bastante y no se pone a pensar en que situación esta la otra, y cuando uno da cree tener el poder de mandar y que se hagan las cosas a su manera, y hay que tomar en cuenta que todo lo que se de, se de con discreción y humildad.

También pensamos en la corrección fraterna, que hay que hacerla primero con discreción, que si alguien me ofende platicarlo con esa persona, que si no hay cambio, pedirle a otro de la comunidad que considere que será oído por el otro, ya si no hay solución sera exponerlo ante la comunidad. Pero muchas veces hacemos al revés, comenzamos por decirlo enfrente de la comunidad y hacemos comentarios que avergüenzan al otro. Pero también que hay que estar abierto a la corrección por pensamos que somos perfectos, y en realidad no, somos perfectibles y que el otro puede ser un profeta (la presencia de Dios) para evidenciar lo mal que hacemos.

Espero que con esto que comparto, reflexionemos si tenemos divido el corazón, que decimos cosas de Dios, pero que no reflejamos esa presencia de Dios en nosotros, que si somos Diábolo o Símbolo. Esperando unirnos a una sola voz

domingo, febrero 01, 2009

¿Corazón dividido?


La segunda lectura de la eucaristía de este domingo 1 de febrero me ha despertado sensaciones raras al leerla. Reconozco en ella mucho de mi formación del seminario, así como una teología que ya huele mal de tan vieja.


Que Pablo pensara que el matrimonio divide el corazón no me parece extraño. No es que el pensamiento antiguo tuviera mucha estima por el matrimonio (fuera de la idea de perpetuar un linaje a través de los hijos) o que no existieran movimientos religiosos que enaltecían la continencia en honor de los dioses (aunque no se tratara de una continencia tan absoluta muchas veces) Sin duda Pablo, hijo de su tiempo y de su ambiente, refleja algo de estas ideas en su carta: sólo el soltero se dedica a servir al Señor como el Señor merece, sin divisiones en el corazón.


No me asombra que ese pensamiento haya quedado plasmado en la doctrina oficial católica. Hay algunos textos que, sinceramente, me ponen los pelos de punta:


“Si alguno dijere que el estado conyugal debe anteponerse al estado de virginidad o de celibato, y que no es mejor y más perfecto permanecer en virginidad o celibato que unirse en matrimonio, sea anatema.” (anatema: maldición, equivalente a la excomunión) – Cita de un documento conciliar [Trento, si no recuerdo mal] en el D. 980. La cita textual está tomada del libro Universitario y Trapense, de L. Durán, Ed. Sígueme, Salamanca 1966, p. 246)


Gracias a Dios llegó el Vaticano II y su reforma. Hemos caminado hacia una adecuada teología del matrimonio, del placer y de la sexualidad como para seguir afirmando tales barbaridades.


Decir que el casado está dividido es no conocer la realidad del matrimonio (ni del celibato, según yo) Hay personas casadas que son ejemplo vivo de fe, adhesión y seguimiento de Jesús; y hay célibes que distan mucho de un corazón unificado al servicio del Señor. Muchas veces, tristemente, el celibato es el pretexto para cerrarse en sí, de modo que no se abre el corazón a nadie, ni al Señor.


¿Qué es “servir al Señor” a fin de cuentas? ¿Dedicarse al apostolado, predicar, celebrar la eucaristía, ser ordenado, vivir en el seminario, hacer votos?


“Servir al Señor” es, para mí, la certeza hecha vida, de que Dios es el centro, la razón, el “principio y fundamento”, la opción fundamental de la persona. Sirve al Señor quien hace lo que le toca hacer, pero lo hace todo por amor y en el nombre del Señor. Sirve al Señor quien ama a su esposa, quien cuida a sus hijos, quien lava la ropa, quien va a la oficina... ya no son tiempo de andar pensando que el servicio de un Señor que es todo en todo, se de solo en los ámbitos religiosos.


Quien vive por amor y en el nombre del Señor es su siervo fiel y vive con un corazón unificado, ensanchado, donde cabe todo y todos a ejemplo de su Señor.


Así que no, el que se casa no tiene el corazón dividido como el soltero no tiene el corazón unificado al servicio del Señor. No depende la cosa del estado civil, sino del amor y el abandono.


Comprendo a Pablo, pero no estoy de acuerdo con él. No esta vez.



José Álvaro Olvera I.

miércoles, enero 28, 2009

Dios es (también) un perro


Ya sé que el título te ha puesto los pelos de punta, pero lo que digo es la verdad. En mi reflexión anterior comentaba lo que mi Maestro dice: toda vida es sagrada, todo es manifestación del rostro del Amado.

Creer esto nos pone frente a las cosas y a las criaturas desde una nueva perspectiva. No se trata solo de “cosas” ni de “animales”, sino de expresiones de Dios, de manifestaciones del Rostro único de Dios que se nos revela de múltiples maneras.

Algunos lo captan más fácilmente en el servicio a los pobres, la atención a los desprotegidos, la lucha por los derechos de los excluidos. Algunos, a través del trabajo ecológico, de la reforestación, del cuidado del agua, de las políticas públicas de protección al ambiente. Otros, a través de la belleza, del arte, de la naturaleza.

Y algunos más captamos a Dios muy fácilmente en los animales.

Decir que Dios es (también) un perro significa que en el perro puedo descubrir algo de Dios, de su presencia. La vida del perro, su actuar, sus reacciones, sus travesuras, la forma que tiene de saltar cuando me ve, el misterio que se esconde en su forma de aprender cosas.

Dios está ahí, encarnado en el perro, mostrando su presencia. Si no me crees, atrévete a mirar a los ojos a tu perro… ¡Dios! no hay palabras para describir lo que se puede captar del Misterio Divino es esa mirada.

Y no es romanticismo, es realidad. Francisco de Asís captó lo mismo, no sólo que los animales fueran criaturas de Dios, sino que – de alguna manera – Dios mismo se nos presenta en el ropaje, más bien en el pelaje, de nuestros compañeros no humanos, por eso lloraba de pena cuando veía que iban a matar alguna oveja y buscaba desesperadamente la manera de salvarla “porque mi Señor es un cordero”.

A mí, Dios me resulta evidente en los animales, especialmente en los perritos. Y cuando he teniodo uno y se echa a mi lado en el momento de la oración, puedo sentirme más unido al Misterio de la Vida, a Dios, que se acerca a mí como puede para invitarme al amor.

Dios es tan humilde y me ama tanto que no se detiene cuando la dureza de mi corazón lo obliga a acercarse a mí en forma de perro.


J. Álvaro Olvera I.

lunes, enero 26, 2009

Toda vida es sagrada


Un sábado del mes de noviembre fui a un refugio para perritos abandonados para dar unas horas como voluntario. Hace años, cuando estaba en la congregación, este tipo de trabajos me parecían una pérdida de tiempo cuando había tantas necesidades entre los seres humanos. Bueno, ahora pienso lo contrario. Mi Maestro dice que toda Vida es algo santo, que el Amado se nos presenta en toda forma de vida y esto incluye, por supuesto, a los perros.


El refugio se llama “En busca de un hogar”, y acoge a mascotas maltratadas y abandonadas. Parece que los seres humanos somos expertos en considerar a los animales como cosas, juguetes que podemos darle a los niños que tienen el capricho de poseer una mascota. Me decían que los meses de febrero y julio son cuando más abandono de animales hay, en febrero porque al niño se le pasó el capricho y la familia se da cuenta que tener una mascota cuesta más que dinero, y en Julio, porque las familias se van de vacaciones y la mascota es un estorbo.


Saqué a pasear a varios peludos y me sorprendió el poco esfuerzo que cuesta hacer algo para acoger la dimensión sagrada de la Vida: basta con dos horas, una buena correa y bolsas de plástico para recoger desechos. La última en salir a paseo fue una perrita terrier escocés, negrita. Fue usada por años para procrear, sus cachorros fueron vendidos en un “criadero” y cuando no pudo parir más por la edad y el estado, fue echada a la calle. Tiene desnutrición, huesos con falta de calcio, ha perdido dientes… estaba muy triste, no se levantaba de su cama, no ladra. Como si solo estuviera esperando la muerte.


La obligué a levantarse, le puse la correa y la hice caminar. Ya sabes, le hablas con cariño, la vas jalando cuando se echa, le rascas las orejas (y sigo sorprendido de lo poco que cuesta asumir que toda Vida es sagrada) Al final, cuando la entregué y me despedí de la encargada, al alejarme, la perrita caminó tras de mí. Sonia, la encargada, me dijo: se quiere ir contigo.


Los que me conocen sabrán la conclusión, pues mi corazón se inclina a las criaturas desdichadas (soy como el abogado de las criaturas perdidas, jajaja) Hice los trámites de adopción y la acomodé con una familia muy querida, que le está dando todo el amor del mundo.


Ahora se llama “Tita”. En diciembre, cuando la vi de nuevo, corrió a la puerta y comenzó a mover el rabo y a dar saltitos de gusto. Nos pusimos a correr por el jardín. Poco a poco el milagro de la resurrección se está realizando (¿quién dijo que la resurrección sólo era para los humanos?) Un poco de aceptación, unas cuantas rascadas de orejas, muchas croquetas y un paseo por la calle son suficientes para despertar ganas de vivir. Y sigo sorprendido de lo poco que cuesta ser coherente con la fe de que toda Vida es sagrada.


Y escribo esto no solo para contarte una historia, ni solo para decirte que – si toda Vida es sagrada como creemos – aun nuestros hábitos frente a los peludos tienen que cambiar. Yo me he jurado no volver a comprar un perro y, si puedo tener uno, será adoptado. Me he prometido apoyar al albergue (puedes buscar la dirección en adoptamascota.com) y destinar una lanita para que ellos, los fieles amigos del hombre, puedan comer.


Escribo esto para dar mi testimonio: ha aprendido tanto de Dios en la mirada de un perrito abandonado. En efecto, creo firmemente que he aprendido más de Dios con la presencia de “Tita” que con todos mis años de estudios teológicos.


Y si el Amado es todo en todos, y muestra su rostro en cada forma de vida (gracias a mi maestro por enseñarme esta verdad) algo de Dios está sufriendo hambre, soledad y miedo en cada uno de los perritos del albergue.


J. Álvaro Olvera I.

martes, enero 13, 2009

Mi deseo para ti este año



Quiero desearte un año lleno de paz.

¿Te llama la atención mi deseo? Sí, me imaginé. A principio de año todo mundo desea felicidad, salud, dinero y amor, pero casi nadie desea a los demás la paz. Yo ya me acostumbré a ser medio disfuncional, así que esta vez, quizá por primera vez, te deseo la paz.


Lo que no es la paz

Para muchas personas paz es igual a ausencia de guerra. Por ejemplo, es el caso del Ejército Zapatista. El gobierno no se ha cansado de decirnos que hay paz en Chiapas – paz entendida como ausencia de guerra – pero la verdad es que la situación de los indígenas está igual que antes, o peor.

No me malentiendas, no me estoy declarando a favor de EZ, solo uso el ejemplo para que te des cuenta como es bien fácil confundir la paz con la ausencia de guerra, aunque de paz haya bien poco.

La paz tampoco es, según yo, el disimulo ante los conflictos. Muchos de nosotros hemos aprendido a disimular, a esconder nuestros conflictos con la falsa idea de que nada pasa. Esto es muy común en las relaciones de trabajo: estás hasta el queque, pero ante los demás muestras que “te pones la camiseta de la empresa”

Tampoco digo que hay que hacer grilla y armar un sindicato independiente, solo me refiero al hecho del disimulo, a hacer como si no pasara nada.

Esto es más fuerte en las relaciones familiares o de pareja. Solemos disimular nuestra insatisfacción, nuestros verdaderos deseos y hacemos como si nada pasara, a pesar de que sabemos que nuestra familia o nuestra relación de pareja están gravemente heridas.

La paz tampoco es que todo sea amor, dinero y salud. Hace poco vi un panorámico de una marca de yogurth que decía “Salud es estar vivo” ¡Qué mentira tan grande! La salud es un estado muy deseable, pero no es igual a estar vivo. Puedes estar muy enfermo y aún así estás vivo y puedes estar lleno de paz. Puedes estar en duelo y aún así estar lleno de paz. Puedes estar en medio de un fracaso (o de un reto o “área de oportunidad” como se dice ahora) y aún así estar en paz.




Entonces, ¿Qué es la paz?

En la Biblia se usa la palabra Shalom para referirse a la paz, y mis hermanos los musulmanes refieren la palabra Salaam (que además es uno de los Nombres de Dios) Shalom o Salaam no es ni la ausencia de guerra, ni el disimulo de conflictos, ni un estado perpetuo de salud y bienestar, de riqueza o de bienes materiales.

Shalom es, para mí, el sentimiento hondo del corazón de saberse amado más allá de la propia capacidad de comprenderlo o imaginarlo.

Salaam es la confianza de que, en medio de las tempestades normales (provocadas por uno mismo o por otros) de la vida estamos siendo llevado de la mano, estamos siendo acompañados.

Shalom es la alegría profunda del alma de saber que nuestra vida tiene un sentido y un propósito, que casi siempre se nos escapa pero que es real.

Salaam es la manifestación de que los anhelos más grandes de tu persona serán colmados.

Shalom es la certeza de que nada puede hacer que pierdas el amor que Dios te tiene.

Por todo esto, el deseo de Shalom es un acto de fe y de confianza. Porque no es fácil decirlo, ni fácil desearlo y mucho menos fácil es creer que la Shalom es posible.

Entonces, amig@ mí@, mi deseo para este año es para ti y los tuyos un gran SHALOM, SALAAM.

Así, cuando tengas dinero o te falte; cuando tengas salud o no la tengas; cuando tengas pareja o estés solterito... podrás conservar la paz, la alegría y la confianza necesarias para seguir luchando.



¡¡¡SHALOM!!! ¡¡¡SALAAM!!!



José Álvaro Olvera I.