sábado, octubre 31, 2009

¿Y si vamos aprendiendo otra manera de orar?

No sé qué entiendas tu cuando escuchas la palabra oración. Me he dado cuenta de que hay mil y un malentendidos al respecto. Que si un diálogo, que si un monólogo, que si escuchar a Dios, que si pedirle…

Para mí la oración no es otra cosa que comunión. Aprendí esto hace años, nadando en una alberca; me senté en el fondo con las piernas cruzadas y dejé de moverme para poder estar un ratito ahí abajo. No había ruido, solo un lejano rumor; no hacía frío. Me sentí envuelto por el agua, tan absolutamente rodeado de ella que no había forma de no estar mojado. Luego pensé que mi cuerpo es mayormente agua “encapsulada” en mis células… la misma agua que me rodeaba era el agua de la que estaba hecho. Me quedé un rato más sintiendo, experimentando la sensación de “agua que siente inmersa en el agua”. Si hubiera tenido una forma de respirar me hubiera quedado ahí un buen rato. Al salir, comprendí que la oración es eso.

La oración (para mí, repito) no es hablar, ni pedir, ni pensar en Dios, ni contarle nada de nada. Ni siquiera es cuestión de escuchar a Dios (como si cada vez que contactaras con Dios tuviera algo que decirte o mandarte a hacer) La oración es estar en comunión, es ser consciente con todo tu ser que estás hecho de agua, de la misma agua que te rodea inevitablemente, y quedarse haciendo conciencia de esa agua hecha dos que en verdad es Una sola.

En esa comunión silenciosa, mi agua resuena, vibra a la misma frecuencia que El Agua, hace las mismas ondas, se mueve al mismo ritmo o se agita con la misma intensidad. Sintonizar mi agua con El Agua es la tarea de orar, a fin de que Dios tenga un espacio en mi corazón para manifestarse al mundo y bendecir a toda la creación con su presencia.

El Maestro Eckhart llamaba a esto “estar preñado de Dios” y recomendaba sentarse a sentir la gestación lenta y silencios de Dios en el corazón, para nutrirlo, hacerlo crecer y poder, algún día, darlo a luz al mundo. Teresa de estar a solas amando “a quien sabemos nos ama”; Juan de la Cruz habla de estar en silencio, sin usar otro lenguaje para comulgar con Dios que “el callado amor”.

Todo refiere a lo mismo y nos invita a dejar a un lado las palabras, las peticiones y los monólogos que tratan de contarle a Dios nuestras penas (muchas de la cuales con imaginadas por nuestro ego) para pasar a la experiencia viva de Dios, que está más allá de las palabras y que vive en lo más íntimo de nuestro ser.

Oremos…

J. Álvaro Olvera I.

miércoles, octubre 14, 2009

Viaje a Ixtapa




Hace algún corto tiempo, hice caso a una de las constantes invitaciones de Lore, una de nuestras hermanas en la Comunidad Vino Nuevo. Nos invitaba al Grupo de oración de los martes en el que ella participa. Desde entonces asisto en el grupo de oración de la casa hogar ‘Renacer’, dedicada a la rehabilitación de enfermos alcohólicos y/o adictos.

Ya estaba calendarizada una visita al grupo ‘Alegría de vivir’ de amor y servicio de 4° y 5° paso, ubicado en el bello pacífico mexicano. También fui invitado.

La experiencia comenzó el pasado jueves 1 de octubre. Quedamos de vernos a las 17:00hrs en Garibaldi, centro histórico de la ciudad de México, que es donde se encuentra la casa hogar ‘Renacer’. Después de diez horas de carretera, interrumpidas sólo por una cena en Morelia , llegamos al hotel que nos recibió durante estos tres días.

¿Y luego?, ¿qué sigue?. Sin dirigirme a nadie en particular, pregunté al grupo. ‘No te preocupes, duérmete un rato y descansa; que a las 9 tenemos que estar en la casa del cuarto y quinto paso”, respondió Rubén.

Entre saludos, abrazos y presentaciones, nos recibieron con un abundante desayuno. Se nos pone al tanto de los festejos, los eventos y también de las tareas a realizar por parte nuestra, el grupo de oración que viene de México D. F.

Al término de los matinales alimentos, casi se nos ordena ir a la playa, divertirnos un rato, descansar y prepararnos muy bien para la dura jornada que iniciará por la tarde/noche.

De todas las actividades que tuvimos te quiero compartir dos en particular.

LA PRIMERA:
Oración con el grupo de niños y adolescentes (Alanteen).
Al igual que el resto del equipo, yo no había tenido una experiencia de oración con niños.

El trabajo con los niños trajo sorpresa tras sorpresa. No ha sido necesario explicar tanto en qué consisten las dos horas de oración que queríamos que nos compartieran. Entendieron fácil y rápido y nos acoplamos muy bien en la dinámica. Los gritos, aplausos, bailes, silbidos y brincos fluyeron de forma sencilla y espontanea.

Después hay un momento en la oración que nos ayuda a la interiorización; nos lleva a la contemplación y a la experiencia de diálogo personal con Jesús. “estás frente a Jesús, platícale lo que se te ocurra, dile lo que le quieras decir”… varios de ellos comenzaron a llorar, otros más compartían en voz alta su diálogo con Jesús. ¡Qué cosas!... por mis papás, por mis hermanos, por mis padrinos, por la recuperación de mi papá….

Cuando el corazón es tierno, primero comparte y pide por los demás, antes que por sí mismo.
Al final de la oración y de forma espontanea nos abrazaron... eso se convirtió en un MEGA abrazo divino.

SEGUNDA ACTIVIDAD.
Un filósofo moderno concluye una argumentación con una idea que más o menos expresa así:
‘Maldita la sociedad que arroja a sus plazas y calles a lo mejor de sí misma, a su futuro; bota al desamparo a sus niños’. Creo que lo mismo vale para los ancianos, para nuestros abuelos.

El sábado por la mañana, nos llevaron a la casa “las manos de Dios, casa de María Auxiliadora”. Asilo para ancianos. Ahí compartimos nuestra oración.

Bendita la sociedad que hace germinar y brotar héroes anónimos.
Profesionistas de la salud que comparten su tiempo y sus conocimientos de forma desinteresada con personas que al paso de los años y de los días ya resultan un estorbo para sus familias.

Bendita sociedad que ve a varios jóvenes voluntarios dedicando su fin de semana a la casa de ‘los viejitos’. “sí padrino, ahorita estamos pintando la fachada. La semana pasada nos tocó tapar goteras de ese techo”.

Jóvenes que con mucho cuidado bañan, rasuran, ayudan a vestir con ropa limpia al abuelito que ilusionado por que es día de visita espera a su hija, a sus nietos. “tiene como seis meses que nadie lo viene a visitar”.

En este lugar y con esta gente, adquiere otro sentido “hacer juntos la oración que Jesús mismo nos enseñó…”.

Por lo pronto, en los próximos cinco días, en mi oración no volveré a preguntarle a Jesús: “Maestro, ¿dónde vives?...
Ven y lo verás”
Charlie

martes, septiembre 08, 2009

Acerca del domingo 6


“Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa; el páramo se convertirá en un estanque y la tierra sedienta en manantiales; la morada donde se recostaban los chacales será un paraje de caña y papiros.”


Este texto de la primera lectura nos habla de la belleza, la abundancia y la vida que surge a partir del caos, de la sequía, de la muerte. El mundo es así, como dice Juanga: “Todo tiene un principio y un fin”. Nada es eterno, todo es limitado; nada es perfecto, todo es impermanente. La vida requiere la muerte, y en ello se entiende que haya dolor, sufrimiento, gozo, placer…
Hasta aquí nada nuevo, nuestra experiencia nos dice que la vida es así. ¿Qué sentido tiene que la Palabra nos diga lo que ya sabemos?


En un mundo así, la acción de Dios es promover la vida, abrir posibilidades para que nazca lo nuevo. Andrés Torres Queiruga dice que Dios es el anti-mal en un mundo donde existe el mal.
Y Dios busca la vida en todos los lugares, en todas las circunstancias y por todos los medios posibles. Desiertos, torrentes, páramos, tierra sedienta, morada de chacales… donde quiera que haya una situación desfavorable habrá de cierto un acción de Dios. Saliva, caricia… todos los medios son aptos para que Dios haga lo que es: Dios de vida en un mundo donde hay muerte.
Esta lectura es una invitación a la esperanza activa: no hay situación personal, social o eclesial tan desesperada en la que no pueda caber la acción de Dios.


¿Hay alguna sombra de muerte en tu vida, alguna esterilidad, algún vacío, algún desierto? ¿Habitan dentro de ti animales salvajes, hay demonios en tu interior? ¿Hay algo en ti que necesita vida, renacer, aflorar, reverdecer? Preséntalo a Dios esta mañana, entrégalo en sus manos, ábrete a su acción.


No pongas límites, no condiciones su acción. Dios pude usar saliva. No digas: Así no, de aquí no puedo salir, de esto no hay nada que hacer, no se puede, no hay de otra… deja de poner límites a la acción de Dios, a su poder, a los medios que él desea usar o puede usar.


A veces, las más de las veces, Dios va a usar los medios más sencillos, más humildes, más cotidianos y “mundanos”. No desprecies, por tanto, una buena terapia, unas buenas vacaciones, un día en el bosque, un café o una chela compartida como si en esos momentos y a través de esos detalles Dios no pudiera convertir el desierto en oasis.


Jesús era un hombre muy cotidiano. Todo era sencillo: palabras, pan, peces, lodo, diálogo… creo que nunca lo vemos usando medios no ordinarios para hacer su trabajo, para llevar a cabo su misión. “¡Como niños!” dirá una y otra vez para animarnos a reconocer, contemplar y aceptar la acción de Dios en un mundo donde hay mal. Por eso, por su humanidad cotidianísima, humanísima, la gente decía: "Todo lo ha hecho bien"

J. Álvaro Olvera I.

viernes, mayo 15, 2009

Dios es uno, uno es Dios


Ya he hablando antes de la porción de Dios (ya sabes a estas alturas que el lenguaje siempre es limitado cuando hablamos de Dios) que habita en cada corazón como un regalo de su Amor. En efecto, cada corazón contiene una “chispa”, que es la que nos da la existencia y nos sostiene eternamente.

Dios, siendo Dios, ha decidido habitar en nosotros, hacer experiencia desde nosotros de lo que es ser humano. Dios conserva su identidad, y al tiempo, algo de él está encarnado en nuestra carne, como en carne de Jesús. Nosotros somos nosotros, pero dentro de nosotros vive Dios, como explica santa Teresa con la metáfora del castillo interior “en cuyo centro está la habitación donde reside su Majestad”.

Que somos seres habitados por lo divino es una forma de comprender la realidad de la “chispa” en nuestros corazones y ha sido la forma de comprensión más conocida, incluso es la comprensión de la doctrina oficial de los católicos romanos. Pero hay otra que es la que me gustaría explorar contigo hoy, es la misma verdad, pero comprendida a un nivel más profundo.

No es que Dios viva en ti, sino que en esencia tú eres Dios; tu vida es una expresión divina que ha decidido manifestarse en carne. Algo así como si Dios hubiera tenido el deseo de saber qué se siente ser humano y se haya revestido de carne y vivirse humano como Luis, Pedro o Álvaro.

La identificación es una verdad atestiguada por los místicos, por eso Juan de la Cruz canta aquello de “la amada en el Amado transformada”; Rumi dice que del él no queda nada, todo él es el Amado; el sufí canta: soy consubstancial a Dios como le es Jesús. Luego de la experiencia de unión, se da la experiencia de identidad, donde el místico sabe que es Dios y Dios sabe que es el místico.

En la vida cotidiana, esta identificación es la que puede ayudarnos a vivirnos de otra manera. La conciencia de nuestra identidad divina (no necesitas la experiencia para vivirte desde esa verdad) modifica nuestra comprensión de nosotros mismos, para empezar. Y si es verdad lo que Buddha dijo acerca de que “eres quien crees que eres”, creer que eres divino tiene repercusiones en tu forma de verte a ti mismo, en tu forma de cuidarte, en tu forma de amarte.

Y si reconoces que Dios es UNO, sabrás que estás unido, vinculado, con todo el cosmos: los planetas, las plantas, los animales, las personas, los pobres, los que sufren, los que gozan… hasta los virus de la influenza humana, del SIDA o del Ébola son UNO contigo, son manifestaciones divinas, son tus hermanos, forman parte de ti.

Los esquemas religiosos, las normas morales, los mandamientos, se vuelven realidades perfectamente ubicadas, importantes, pero en su nivel. Jamás podrán determinar tu ser. Como dijo el sufi: Yo soy el Amado que buscan los místicos, Yo soy aquel a quien adoran los creyentes, Yo soy a quien sirven las iglesias.

Un ser con conciencia de su divinidad no se deja amedrentar por el infierno ni seducir por el cielo; tampoco se siente menos porque una autoridad religiosa le diga que es “intrínsecamente desordenado, objetivamente inmoral” ¿entiendes?

El culto, la oración, la adoración, la devoción religiosa también adquieren otro nivel, de hecho, van a desaparecer. Porque cuando hay adoración y oración es porque hay dos, tu y Dios, a quien oras. Pero si no hay dos… ¿a quién oras? ¿A quién le pides? ¿A quién veneras? La conciencia de tu identidad divina hace que lo que llamas oración sea más bien un encuentro silencioso contigo mismo, una comunión callada con tu centro más hondo. Juan de la Cruz lo entendió muy bien cuando dijo: la máxima necesidad que tiene l ser humano es callarse ante Dios, con la mente y con la boca, porque el lenguaje que Él más oye es el callado amor.

La comunión silenciosa contigo mismo (con Dios) se convierte en parte de tu vida. Es una especie de contemplación oscura, porque no ves a Dios, ni sientes a Dios, ni percibes a Dios como una realidad externa, sino que lo SABES como una realidad silenciosa que está unida a tus moléculas, a tus células, a tus órganos, a tu inteligencia y, sobre todo, a tu corazón.

Dios es lo más profundo de ti mismo, tu eres lo más humano de Dios. No hay dos. Por eso puedes cantar con el sufí:


Él es Uno,
Tú eres Uno.
Él es tú,
Y tú eres Él.
Él te ama,
Y Tú lo amas.
Eres el Amado, el Amante y el Amor.



J. Álvaro Olvera I.

jueves, mayo 14, 2009

El Misterio y sus métaforas (parte II)


La Fuerza es un campo de energía Viviente generado por todas las cosas, especialmente por los seres vivos. Permite la existencia de la vida, la mantiene unida, la nutre. Es posible entrar en comunión con la Fuerza y usarla (la Fuerza latente), al mismo tiempo que la Fuerza es independiente y controla el destino del universo (la Fuerza viviente).

La muerte es un regreso a la Fuerza, es hacerse uno con Ella. La Fuerza es una forma energética Inteligente, Sabia, Compasiva, pero al mismo tiempo es Tremenda, Poderosa, Majestuosa. Ambos “lados” de la Fuerza se complementan haciendo que la Fuerza sea una totalidad, usada por algunos para desarrollar sus potencialidades luminosas, y por otros para el desarrollo de las potencialidades oscuras. Vista como un todo, la Fuerza contiene elementos considerados luminosos como oscuros, aunque estas son categorías humanas, formas de entenderla.

Después de este breviario cultural de ciencia ficción (espero que G. Lucas no me demande por el fusile y las libertades literarias que me tomo) te comparto mi metáfora.

Dios es la Fuerza. Como tal es una energía Viviente – con lo que retomo elementos de la metáfora de La Vida.

Hay una dimensión inmanente (la Fuerza latente) y una trascendente (la Fuerza viviente). Desde la primera, la Fuerza (Dios) está presente en todos los seres, aunque de forma especial en los seres vivos, me atrevo a decir que está presente en una “concentración” más alta. Siempre desde la inmanencia, la Fuerza puede ser canalizada y “usada” para algunas cosas: sanación, bendición, energía física, fortalecimiento de las capacidades humanas, comunicación con otros seres, etc. También puede ser canalizada para modificar situaciones, para modificar el entorno, para crear cosas.

Desde la dimensión trascendente, la Fuerza es soberana, conduce todo lo que es según su deseo (pero siempre hacia un mayor desarrollo) Desde esta dimensión, la Fuerza es imparcial: importa la Vida y que la Vida halle la manera de continuar, los seres individuales formamos parte del flujo e la Vida. La Fuerza es un Misterio y es inabarcable, por eso no comprendemos bien cómo se dan el lado luminoso junto al lado oscuro, la vida junto a la muerte, la creación junto a la destrucción.

La Fuerza no es una persona ni un ser personal ni tiene características antropomórficas. Pero lo que captamos de Ella nos revela una Energía libre, con una intencionalidad que nos permite relacionarnos con Ella.


Presente en toda la vida, la Fuerza es captada con mayor nitidez por algunos que aprenden el modo de entrar en comunión con Ella, aprenden a captar “los caminos de la Fuerza” y a fluir en coherencia con Ella. Estos seres (los Jedi de Dios) pueden canalizar la Fuerza, la perciben como una realidad Viva, captan su devenir, pueden incluso “anticipar” sus acciones. Estos seres viven la Fuerza como una realidad omnipresente: pueden ver en todo una manifestación poderosa de su presencia y de su actuar, por eso los acontecimientos cotidianos no son banales: en el dolor y el gozo, en lo que nace y en lo que muere, en lo que sucede y en lo que es, está la voluntad de la Fuerza.

La Fuerza es una energía sabia, poderosa, pero discreta. Por eso, la comunión con ella se da en el silencio. Como la Fuerza fluye en y a través de los seres vivientes, el mejor lugar para la comunión es el corazón, el interior, lo más profundo de uno mismo. Porque hay coincidencia entre lo más hondo de uno mismo y la Fuerza, entre más coherente sea uno con esa hondura personal, más vive en comunión con el devenir universal, más es Uno con la Fuerza.

Así, cuando yo digo “la Fuerza” entiendo todo lo anterior.

Cuando digo “la Fuerza” estoy hablando de Dios… y cuando digo “Dios”, estoy hablando de la Fuerza.



J. Álvaro Olvera I.

miércoles, mayo 13, 2009

El Misterio y sus métáforas (parte I)


Hablar de Dios… ¡Vaya si es un atrevimiento! ¿Cómo decir algo acerca de Lo que está más allá de todo concepto? Dicen los sufís que se trata de Lo que está más allá aún de nuestro concepto de lo que está más allá. San Agustín lo supo, por eso nos previno cuando dijo que del Misterio no podemos decir nada, si decimos algo es más por no quedarnos callados que por poder atinar a decir algo. Tomás de Aquino dirá: de Dios podemos saber que es, pero no podemos saber qué es.


Conceptos como Dios, Persona, Ser, Altísimo, Señor, Padre, Madre, Amigo, siempre son palabras que ocultan más de lo poco que dicen acerca del Misterio (aun la palabra Misterio, puesta en mayúsculas esconde más de lo que dice)


Por eso los místicos cantan al Inefable (que está más allá de la capacidad humana de expresar) y recurren a la metáfora y la poesía para manifestar aunque sea algo de Aquella Realidad Infinita “que sobre pasa todo entendimiento humano”.


Sabiendo que Aquella Realidad Infinita es inabarcable con nuestros conceptos nos hace humildes a la hora de querer definir a Dios (de hecho, los únicos lo suficientemente insensatos para querer definir a Dios somos los occidentales), nos abre al Misterio que siempre queda como Misterio y nos “obliga” a asumir que lo que decimos del Misterio siempre es penúltimo, es decir, no es la última palabra.

Culturalmente usamos la palabra “Dios”, que hoy en día se revela llena de sentidos encontrados, de manipulaciones y de sombras. “Dios” ha sido usado para justificar todo y de todo. Las iglesias y las religiones establecidas recurren indiscriminadamente a “Dios” para todo, dejando a los creyentes (y a los no creyentes) con una sensación de hastío, de haber sido engañados.


Hoy en día, en estos tiempos donde la espiritualidad está siendo vivida al margen de las religiones, en el “mundo adulto” que profetizó Bonhoeffer, el Misterio se está revelando de una nueva manera, permitiéndonos recurrir a nuevas metáforas para comprender un poco más nuestras posibilidades de relación.


Para muchos, el Misterio es comprendido como Dios, pero con nuevas notas. No se trata ya de un Dios castigador, a quien había que complacer con sacrificios y ofrendas, sino un Dios cercano, cotidiano, más visto como un amigo que como un juez.


Para otros, el Misterio es comprendido como El Creador, como “alguien” que nos hizo e hizo todo lo que existe.


Algunos más ven al Misterio como una especie de energía personalizada que sostiene en la existencia al cosmos y cuya acción se puede captar y “canalizar” en beneficio de la vida.


Otras experiencias del Misterio usan la metáfora de La Madre en cuyo vientre divino se está gestando todo lo que es. Una Madre que crea, sostiene, alimenta, acompaña, educa (a veces con dureza, pero siempre con ternura infinita) a sus “hijos e hijas”. Una Madre que clama dignidad para todos los gestados en su vientre y exige de quienes le adoran, actitudes de hermandad con todo lo creado.


En algunos casos, la Madre divina es también la Amante, la que seduce a sus fieles y se entrega a ellos en el éxtasis místico, uniéndolos a sí. La energía sexual es uno de los atributos de la Madre Esposa Virgen.


Algunos más se están relacionando con el Misterio como La Vida. No es una “persona” sino una especie de flujo energético con una cierta voluntad que se manifiesta en la evolución, en el curso de las cosas.


Esta imagen es usada por algunos místicos contemporáneos que tratan de explicar qué el Misterio no está alejado de nuestra experiencia cotidiana, ni de nuestra enfermedad, ni de nuestra muerte, ni de las colisiones cósmicas que destruyen mundos, pero permiten la generación de nuevas posibilidades. En este metáfora, el Misterio va perdiendo sus características antropomórficas (forma de humano) para revelarse como energía Vital, Viva y Vivificante.


Una oración que me compartieron hace poco invoca al Misterio como: Vientre fecundo de donde toda vida procede (y falta añadir que es Sepulcro frío donde toda vida termina)


A mí me encanta usar la metáfora de La Fuerza (soy de la generación Star Wars, ni modo), de ella te hablaré en la siguiente entrega.




J. Álvaro Olvera I.

martes, mayo 12, 2009

Optimizar nuestra encarnación




Nuestro entorno está lleno de lugares y métodos para mejorar nuestro ser.



En la dimensión física, tenemos cientos de gimnasios, cursos de spining, tae bo, las técnicas de Body combat y un sinfín de etcéteras dedicados a mejorar nuestro físico, ha hacerlo más funcional o, cuando menos, más atractivo. Estos años ha visto renacer un cariño especial por la dimensión corporal. Hemos superado – o estamos superando – las visiones negativas de la corporalidad.



En la dimensión emocional también estamos atestiguando un “boom”. Centros de terapia, cursos de manejo emocional, desarrollo de las inteligencias, constelaciones familiares… tengo un amigo que ha unido un trabajo interior con el baile de Salsa. Estamos aprendiendo la importancia que tienen nuestras emociones, nuestro subconsciente, nuestro universo interior, y estamos aprendiendo a trabajarlo, a sanarlo, a optimizar nuestros recursos interiores.



Es un buen momento para la humanidad, a pesar de los contrastes que niegan todo lo anterior.
Desde mi visión de la vida, toda experiencia humana es posibilidad de encuentro con el Misterio divino, por eso, en la explosión del cuidado corporal y emocional de nuestro tiempo, veo un mayor grado de conciencia que, como todos los avances de conciencia, nos invita a mirar “más allá de lo evidente”.



Para algunos, esta importancia del cuerpo y de las emociones personales es un signo más de la decadencia social, un signo del hedonismo que hace a un lado los “valores” para dedicarse al cuerpo musculoso o delgado y a años de terapia centrada en el “yo”. Para mí es el momento de optimizar nuestra encarnación.



Yo, Álvaro, soy mi cuerpo, vivo en mi cuerpo, amo en mi cuerpo, sirvo en mi cuerpo, existo sólo en y como mi cuerpo. Si bien mi “yo” no se agota en la corporalidad, ésta es una dimensión básica.



Y como vivo encarnado en este cuerpo y en sus emociones, los gimnasios y las terapias me pueden ayudar a optimizar esta encarnación mía, para que sea más sana, más plena. Todos sabemos que una alimentación balanceada y una dosis de ejercicio nos ayudan a equilibrar nuestro ser, a tener energía, a vivir más sanos. Sabemos, de igual manera, que el trabajo emocional, el trabajo interior, nos ayuda a sanar las heridas del pasado, a ser más auténticos, más libres.



Antiguamente, el místico era asceta (cuando menos en algunas tradiciones religiosas) En el catolicismo romano, el hombre y la mujer “de Dios” se distinguía por sus penitencias, por su aspecto demacrado, por estar en los huesos de tanto ayuno. Todos conocemos como en el pasado se vivió esta realidad y hasta qué extremos se vivió.



Hoy en día – gracias a Dios – el místico cuida su alimentación, hace ejercicio, guarda respeto por su entorno, cuida sus emociones, atiende su mundo interior, busca su salud mental. El hombre y la mujer “de Dios” sabe disfrutar una buena cena, sabe gozar un buen vino; cuida su aspecto físico y su estado emocional tanto como cuida su relación con Dios.



Para sorpresa de muchos, pues los místicos siempre rompen nuestros esquemas, encontramos a las personas de seria y profunda espiritualidad en el cine, el teatro y los conciertos de música clásica lo mismo que en las cantinas, en los bares, en los gimnasios, comprándose ropa bonita o aquella loción cara que les encanta.



Si mi encarnación es un don de Dios y Dios se manifiesta en mi ser encarnado, si yo soy mi cuerpo y si un buen estado emocional me hace más eficaz, creo que trabajar para ser más libre, más sano, más pleno, es decir, trabajar para optimizar mi encarnación, es parte de lo que quiero hacer, es parte de lo que elijo hacer y, de este modo, es parte de lo que Dios me pide hacer.



El místico sabe que si tiene una encarnación optimizada, puede poner al servicio de su Amado a un ser humano más completo, que pueda servir mejor a la humanidad y a todo lo creado.





J. Álvaro Olvera I.